Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de febrero de 2015

La excepción de la regla de amor.

somniferomortal.blogspot.com.es

Reglas de amor: Enamorarse del típico/a gilipollas.
Regla que no se puede romper de amor: No puedes ser ese/a gilipollas.

Y yo... Yo prometo ser tu gilipollas, pero la excepción que rompe la regla: Gilipollas que no te dejaría nunca. Que te abrace. Que te haga reír. Que te bese. Que te haga sentir mariposas. Pero sobre todo... Quien te AMARÍA.

No me lo niegues, rompamos la regla del amor de una vez.

miércoles, 7 de enero de 2015

Nuestro lugar de reunión.

Se pinta los labios de un color rojo pasión y  sonríe.

Se hace la larga raya de ojo y pestañea con gracia.

Se acerca por la ventana y observa la gran noche estrellada. Hace frío, como mujer lista que es, observa los árboles mover sus ramas y hojas con agilidad.

Sale de casa mientras se pone el largo abrigo de piel, se coge de éste mientras camina y su cabello decide jugar con el viento.

No sabe cuanto tiempo pasa hasta llegar al local.

Entra y saluda al de recepción, él está acostumbrado a verla llegar feliz e irse triste.

La mujer se sienta en el mismo sitio de siempre y aparta la placa de reservado. Está todo preparado, una pequeña vela ilumina en el centro de la mesa.

Empieza el show de música en vivo, los músicos empiezan a tocar jazz.

Pasan bastantes canciones hasta que toca la madrugada, ella observa el reloj, lo extraña.

Imagina a su amado volver con su traje militar con una gran sonrisa.

Ella aún espera el día en el que él vuelva.

Ese siempre es el lugar de reunión, donde se volverán a encontrar.

O eso espera ella. Pues el de recepción sabe que el hombre ha muerto pero no dice nada.

Pero seguirá siendo el sitio de un reencuentro para ella.

military | Tumblr

sábado, 15 de noviembre de 2014

Las lágrimas son pétalos esparcidos en un simple colchón.

Solamente cerró los ojos y escuchó el latido de su propio corazón.

Pequeñas y lentas pulsaciones.

Aquello le tranquilizaba, parecían tener todo el rato el mismo ritmo, sin variar.

Pero no era así y lo sabía.

De día una mujer llamativa con labios de color rojo, de noche una chica con el rímel corrido.

¿Por que sentía eso? ¿Esas ansias de conocer el supuesto amor? ¿Aquello de lo que todos hablaban?

Empezó a arrancar los pétalos de la margarita que se encontraba en sus manos, liberando su rabia, una emoción que si conocía de sobra.

Ni las pulsaciones ni nada le tranquilizaban ya, temblaba nerviosa, nerviosa para que aquello acabara ya.

El tacto le guiaba para ir arrancando, hasta que notó que ya no quedaban más pétalos.

Ni tampoco rabia.

Todo era inexistente, producto de su imaginación.

El amor no existía.

Y si lo era, lo había perdido.

No valía la pena llorar con los ojos.

Sus lágrimas eran los pétalos esparcidos del colchón.

- image #2340144 by LADY.D on Favim.com

sábado, 1 de noviembre de 2014

Firework.

— ¡Entrégame todo el dinero! — Amenacé mientras sujetaba el arma apuntando al pobre señor al que la mala suerte le había llegado, y todo gracias a mí.

El hombre con el pulso temblando abrió la caja y me iba entregando todo lo que podía, yo iba cogiendo con una mano los billetes y monedas pero con la otra sin dejar de apuntarle.

No me importaban nada las cámaras, ni que me grabaran pero llevaba un pasamontañas que ocultaba mi rostro e identidad. Cuando me aseguré de que no me había dejado nada o no me diera todo salí corriendo de aquél lugar, pero también de las cámaras. Y el pasamontañas quedó enterrado en medio de la nada.

Hice auto stop y en poco tiempo ya iba en un coche con dos chicas. La pistola estaba escondida en uno de los numerosos bolsillos ocultos de mi chaqueta y sumaba puntos mi buen físico.

— ¿A dónde te diriges, guapo? — Me preguntó una de las chicas. Ignoré su insinuación.

— Al primer pueblo que pasemos, no me importa bajar al principio, mi hogar está cerca.

— Está bien, aunque no me habría importado saber tu casa. Espero volver a verte. — Volvió a decir la chica mientras conducía, la otra estaba demasiado ocupada con el teléfono.



lunes, 27 de octubre de 2014

No te vayas...

El viento movía con fuerza las olas del mar.
Yo estaba allí, sentada en aquellas rocas con las que el mar luchaba intentando arrastrarlas hacia dentro cada noche.
Mi pelo se revolvía debido al clima. No me importaba, simplemente quería estar sola, en ese lugar.
Abracé mis piernas con mis brazos y suspiré. Miré al mar, que se movía formando grandes olas.
El echo de haberme peleado con mi mejor amiga, me había dejado destrozada.
Mi móvil sonó, emitiendo la particular música de que un mensaje nuevo había llegado.
No quería mirarlo. No en este momento...
Una ola rompió contra las rocas en las que estaba. Otro mensaje llegó.
Decidí, a pesar de mi estado de ánimo, mirar de quien eran los últimos mensajes.
''Maddie - 2 mensajes nuevos. Toca para mostrar''

Cuándo Juntos Somos Uno

Por esos entonces no sabía cuál era su nombre. Se hacía llamar Up, y a mí me asignó el apodo de Down.
Up no era como el resto de chicas. Siempre se veía solitaria, tal vez fuera porque no podía moverse. Así es. Ella tuvo un accidente de coche y perdió la movilidad en sus piernas. Era parecida a mí, aunque el problema no era el mismo. Mientras ella siempre tenía una sonrisa en la cara y hablaba sin preocupaciones, yo me mantenía callado. Mis padres pensaban que me había quedado mudo. Pero no era así. Podía hablar, pero no lo hacía. Sólo con Up, independientemente de que fuera tres años menor que yo. Era la única persona a la que verdaderamente apreciaba y quería.
Me sorprendió lo que ella me propuso un día mientras se mecía en el columpio.
<<Tú puedes ser mis piernas y yo seré tu voz>>. No entendía al principio lo que aquella chica decía. Pero poco a poco fui entendiéndolo. Yo movía su silla de ruedas. Ella hablaba por mí.

Era de noche. La lluvia golpeaba con fuerza el cristal de la ventana. Mi móvil sonó. Reflejaba el nombre de Up en la pantalla. Esperé a que hablara ella, cómo de costumbre. Pero nunca hubiera esperado lo que me diría mi amiga.
– D-down... h-he resbalado... N-no puedo lev-levantarme. – Susurró al otro lado del teléfono con un hilo de voz.
Mi corazón se detuvo por momentos.

Siempre Imperfectos

La chica de ojos avellana y pelo castaño acariciaba con suavidad la marca que se encontraba en aquel árbol. ''Siempre Imperfectos''. Aquellas dos palabras se podían distinguir con claridad sobre la madera oscura y desgastada. Apoyó su cabeza contra el tronco y sonrió forzadamente. 
Esa sonrisa... Dió paso a las lágrimas. Una tras otra. Pero seguía sonriendo. Las mejillas le ardían, y sentía un dolor punzante en el corazón. Le habían enseñado a ser fuerte. Pero... ¿Acaso su fuerza de voluntad iba a poder con ésto? Lo dudaba. Apretó sus puños, clavándose las uñas en su piel pálida. 
Siempre imperfectos. Esas dos palabras que él escribió para ella. 
– Siempre Imperfectos. Y que el mundo no pueda decir lo contrario. Porque si todo fuera perfecto, nada tendría sentido.  Aquellas palabras la habían conseguido tranquilizar en aquellos días. Ya no tenía miedo de lo que él pudiera pensar de su aspecto o físico. Sabía que la quería tal y cómo era. No había que fingir.
O eso creía. Otra lágrima más resbaló por su rostro. Ya no podía más. Se derrumbó allí mismo, sollozando, sin entender por qué. ¿Acaso todo  lo que él le decía era una maldita mentira? ¿Que hay de esos ''te quiero''? ¿Que ocurrió con esas sonrisas? ¿Era necesario acabar así? ¿Por qué la engañó? ¿¡Siempre Imperfectos!? ¡Todo eso es una jodida mentira! Ya no habría más caricias, risas ni sueños. Se esfumaron las miradas, los besos y aquel contacto que la hacía temblar. Y es que, ahora, la ilusión había muerto.