Reglas de amor: Enamorarse del típico/a gilipollas.
Regla que no se puede romper de amor: No puedes ser ese/a gilipollas.
Y yo... Yo prometo ser tu gilipollas, pero la excepción que rompe la regla: Gilipollas que no te dejaría nunca. Que te abrace. Que te haga reír. Que te bese. Que te haga sentir mariposas. Pero sobre todo... Quien te AMARÍA.
No me lo niegues, rompamos la regla del amor de una vez.
Se pinta los labios de un color rojo pasión y sonríe.
Se hace la larga raya de ojo y pestañea con gracia.
Se acerca por la ventana y observa la gran noche estrellada. Hace frío, como mujer lista que es, observa los árboles mover sus ramas y hojas con agilidad.
Sale de casa mientras se pone el largo abrigo de piel, se coge de éste mientras camina y su cabello decide jugar con el viento.
No sabe cuanto tiempo pasa hasta llegar al local.
Entra y saluda al de recepción, él está acostumbrado a verla llegar feliz e irse triste.
La mujer se sienta en el mismo sitio de siempre y aparta la placa de reservado. Está todo preparado, una pequeña vela ilumina en el centro de la mesa.
Empieza el show de música en vivo, los músicos empiezan a tocar jazz.
Pasan bastantes canciones hasta que toca la madrugada, ella observa el reloj, lo extraña.
Imagina a su amado volver con su traje militar con una gran sonrisa.
Ella aún espera el día en el que él vuelva.
Ese siempre es el lugar de reunión, donde se volverán a encontrar.
O eso espera ella. Pues el de recepción sabe que el hombre ha muerto pero no dice nada.
Pero seguirá siendo el sitio de un reencuentro para ella.
Salt in the wound like you're laughing right at me
Oh, it's so sad to think about the good times, you and I
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La tarde se alzaba ante mis ojos, la luz del sol estaba en toda su esplendor, convirtiendo esos días fríos en cálidos.
La doctora que antes me había atendido, me indicó que la ropa que llevaba estaba sobre la silla del rincón de la habitación. Y luego marchó.
Me senté sobre la cama de lado y toqué el suelo con mis descalzos pies, un escalofrío recorrió mi cuerpo. No recordaba que estaba tan frío. Me levanté y busqué mi ropa, por seguridad, me encerré en el baño de la habitación.
Cuando me dispuse a quitarme la bata que llevaba me llamó la atención un papel que medio salía del bolsillo trasero de mi pantalón.
Lo cogí entre mis manos y observé lo que había anotado, un número de télefono.
¿Habría sido la enfermera? O eso pensé hasta que me acordé de la niña que me había encontrado con… Maya. Moví la cabeza de lado a lado, como si aquello fuera a quitar a Maya de mis pensamientos.
Me daba pena aquella niña, seguramente esperando con el teléfono en mano, esperando una llamada. No podía evitarlo, era una simple niña.
Me vestí lo más rápido posible y dejé la bata al lado del lavamanos. Ya estaba dispuesto a marchar de allí, nadie me esperaba, pero me las arreglaría para volver. No quería depender de nadie y que me consideraran débil, aunque tal vez lo fuera.
Por esos entonces no sabía cuál era su nombre. Se hacía llamar Up, y a mí me asignó el apodo de Down.
Up no era como el resto de chicas. Siempre se veía solitaria, tal vez fuera porque no podía moverse. Así es. Ella tuvo un accidente de coche y perdió la movilidad en sus piernas. Era parecida a mí, aunque el problema no era el mismo. Mientras ella siempre tenía una sonrisa en la cara y hablaba sin preocupaciones, yo me mantenía callado. Mis padres pensaban que me había quedado mudo. Pero no era así. Podía hablar, pero no lo hacía. Sólo con Up, independientemente de que fuera tres años menor que yo. Era la única persona a la que verdaderamente apreciaba y quería.
Me sorprendió lo que ella me propuso un día mientras se mecía en el columpio.
<<Tú puedes ser mis piernas y yo seré tu voz>>. No entendía al principio lo que aquella chica decía. Pero poco a poco fui entendiéndolo. Yo movía su silla de ruedas. Ella hablaba por mí.
Era de noche. La lluvia golpeaba con fuerza el cristal de la ventana. Mi móvil sonó. Reflejaba el nombre de Up en la pantalla. Esperé a que hablara ella, cómo de costumbre. Pero nunca hubiera esperado lo que me diría mi amiga.
– D-down... h-he resbalado... N-no puedo lev-levantarme. – Susurró al otro lado del teléfono con un hilo de voz.
La chica de ojos avellana y pelo castaño acariciaba con suavidad la marca que se encontraba en aquel árbol. ''Siempre Imperfectos''. Aquellas dos palabras se podían distinguir con claridad sobre la madera oscura y desgastada. Apoyó su cabeza contra el tronco y sonrió forzadamente.
Esa sonrisa... Dió paso a las lágrimas. Una tras otra. Pero seguía sonriendo. Las mejillas le ardían, y sentía un dolor punzante en el corazón. Le habían enseñado a ser fuerte. Pero... ¿Acaso su fuerza de voluntad iba a poder con ésto? Lo dudaba. Apretó sus puños, clavándose las uñas en su piel pálida.
Siempre imperfectos. Esas dos palabras que él escribió para ella.
– Siempre Imperfectos. Y que el mundo no pueda decir lo contrario. Porque si todo fuera perfecto, nada tendría sentido. – Aquellas palabras la habían conseguido tranquilizar en aquellos días. Ya no tenía miedo de lo que él pudiera pensar de su aspecto o físico. Sabía que la quería tal y cómo era. No había que fingir.
O eso creía. Otra lágrima más resbaló por su rostro. Ya no podía más. Se derrumbó allí mismo, sollozando, sin entender por qué. ¿Acaso todo lo que él le decía era una maldita mentira? ¿Que hay de esos ''te quiero''? ¿Que ocurrió con esas sonrisas? ¿Era necesario acabar así? ¿Por qué la engañó? ¿¡Siempre Imperfectos!? ¡Todo eso es una jodida mentira! Ya no habría más caricias, risas ni sueños. Se esfumaron las miradas, los besos y aquel contacto que la hacía temblar. Y es que, ahora, la ilusión había muerto.
¿Que ves allí, en la lejanía?
Tal vez nunca te paraste a ver más allá de un simple paisaje, una persona a la que no conoces o un libro en el suelo.
En ese paisaje hubo besos. Hubo llantos. Hubo juegos. Hubo niños. Hubo miradas. Hubo primeros amores. Incluso, tal vez, hubo muertes y nacimientos. Pero tú... Tú te empeñas en ver un simple paisaje.
Esa persona a la que no conoces de nada está llorando. ¿Por qué llora? Tal vez nunca lo sepas. Porque para ti sigue siendo eso,una simple persona.
¿Por qué ese libro está en el suelo? Tal vez alguien lo tiró. Tiro las historias, los sueños y las horas de trabajo que empleó alguien para escribirlo. Y para ti solo sigue siendo eso: un libro tirado en el suelo.
Lo que quiero decir con todo esto, es que nos empeñamos en ver las cosas más sencillas sin importar que puedan tener otro significado.
Párate a pensar un momento. Párate a mirar lo que ocurre a tu alrededor. Porque tal vez mañana sea demasiado tarde.
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