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miércoles, 7 de enero de 2015

Nuestro lugar de reunión.

Se pinta los labios de un color rojo pasión y  sonríe.

Se hace la larga raya de ojo y pestañea con gracia.

Se acerca por la ventana y observa la gran noche estrellada. Hace frío, como mujer lista que es, observa los árboles mover sus ramas y hojas con agilidad.

Sale de casa mientras se pone el largo abrigo de piel, se coge de éste mientras camina y su cabello decide jugar con el viento.

No sabe cuanto tiempo pasa hasta llegar al local.

Entra y saluda al de recepción, él está acostumbrado a verla llegar feliz e irse triste.

La mujer se sienta en el mismo sitio de siempre y aparta la placa de reservado. Está todo preparado, una pequeña vela ilumina en el centro de la mesa.

Empieza el show de música en vivo, los músicos empiezan a tocar jazz.

Pasan bastantes canciones hasta que toca la madrugada, ella observa el reloj, lo extraña.

Imagina a su amado volver con su traje militar con una gran sonrisa.

Ella aún espera el día en el que él vuelva.

Ese siempre es el lugar de reunión, donde se volverán a encontrar.

O eso espera ella. Pues el de recepción sabe que el hombre ha muerto pero no dice nada.

Pero seguirá siendo el sitio de un reencuentro para ella.

military | Tumblr

sábado, 1 de noviembre de 2014

Firework.

— ¡Entrégame todo el dinero! — Amenacé mientras sujetaba el arma apuntando al pobre señor al que la mala suerte le había llegado, y todo gracias a mí.

El hombre con el pulso temblando abrió la caja y me iba entregando todo lo que podía, yo iba cogiendo con una mano los billetes y monedas pero con la otra sin dejar de apuntarle.

No me importaban nada las cámaras, ni que me grabaran pero llevaba un pasamontañas que ocultaba mi rostro e identidad. Cuando me aseguré de que no me había dejado nada o no me diera todo salí corriendo de aquél lugar, pero también de las cámaras. Y el pasamontañas quedó enterrado en medio de la nada.

Hice auto stop y en poco tiempo ya iba en un coche con dos chicas. La pistola estaba escondida en uno de los numerosos bolsillos ocultos de mi chaqueta y sumaba puntos mi buen físico.

— ¿A dónde te diriges, guapo? — Me preguntó una de las chicas. Ignoré su insinuación.

— Al primer pueblo que pasemos, no me importa bajar al principio, mi hogar está cerca.

— Está bien, aunque no me habría importado saber tu casa. Espero volver a verte. — Volvió a decir la chica mientras conducía, la otra estaba demasiado ocupada con el teléfono.